El modo más racional, sano y seguro de criar a un ser es confiarlo a la madre y esta ley es válida también para los canarios.
El alimento, en efecto, antes de pasar al pico de los pequeños es abundantemente impregnado de saliva por la madre o el padre.
siendo por tanto más digerible, pero por desgracia sabemos que algunas veces es necesario afrontar la cría artificial. Se recurre a este remedio extremo cuando la madre se niega a alimentar a su cría y el aficionado no dispone de otras nodrizas. El éxito de la aventura, ya que se trata precisamente de una aventura, depende sobre todo de la paciencia que tenga la persona encargada de este trabajo, además de su habilidad y su constancia.
Cuando un criador desea salvar la vida de una cría de buena raza, no tiene más remedio que intentar sustituir a la madre puede ser que esta operación sea efectuada con éxito, pero la mayor parte de los ejemplares criados de esta forma son de frágil salud y sobre todo quedan con intestino y estómago delicados.
El calor materno que les falta a los pequeños puede ser reemplazado por un pedazo de lana puesto sobre ellos, pero como se mueven y pueden sacarse la «manta» de encima, es aconsejable instalar una lámpara especial, de precio módico, que proporcione el calor necesario a estas aves. Pida a los vendedores de artículos para animales domésticos los consejos necesarios antes de poner esto en práctica.
Para la alimentación con un palito es necesario durante los seis primeros días embucharlos cada diez minutos, y esto durante dieciocho horas del día, empezando al amanecer; sucesivamente, las embuchadas se harán más copiosas en cantidad y menos frecuentes. Para cada pájaro son necesarias cuatro tomas de alimento cada dos horas desde el amanecer hasta la puesta del sol, y para ponerles los alimentos en el pico se utiliza un palito de madera sin protuberancias, o bien la parte córnea de una pluma de oca cortada de forma que parezca una minúscula espátula.
En los comercios especializados se venden estos palitos, que oportunamente utilizados dejan caer en el pico abierto pequeñas porciones de alimento.
Hay que tener en cuenta que el alimento suministrado por los padres pasa antes por su boca y no está nunca frío, ni demasiado sólido; por tanto, el alimento dado a los animales artificialmente debe ser fluido y apenas tibio: ni frío, ni caliente.
Durante los primeros días, piden continuamente y con gran avidez que les alimenten, pero son tan pequeños que sólo pueden tomar cantidades insignificantes. A medida que se van desarrollando y se hacen más robustos, las cantidades de alimento que consiguen ingerir son cada vez mayores y por tanto las embuchadas son menos frecuentes. Hay algunos canrios más golosos que otros y que abren el pico aun cuando ya ha comido tanto que les sería imposible comer más. A éstos, el criador les deberá quitar una o dos embuchadas: las crías se regulan después por sí solas y empiezan a nutrirse de forma normal una vez han digerido la madre precedente. Además, hay un signo claro y evidente que demuestra cuando un canario está saciado: sus frecuentes bostezos.
El éxito de la alimentación artificial puede ser casi seguro si se inicia cuando los animales tienen los ojos abiertos y se les ve brevemente las alas; es decir, cuando han sido nutridos durante unos días por la madre.
Naturalmente, la limpieza del nido la debe hacer la persona que los alimenta artificialmente: las heces deben ser eliminadas enseguida. En cuanto a la temperatura, ésta debe ser disminuida gradualmente hasta el día en que a los pajaritos, ya independientes, les sea suficiente la temperatura ambiental.
Los días más difíciles para el criador que nutre a los canarios artificialmente son los primeros seis o siete, pasados los cuales los pajaritos parecen menos frágiles y se nutren picando de los alimentos situados en el palo que se les ofrece.
Al amasijo inicial hay que mezclarle un poco de semilla de achicoria triturada y otro poco de verdura, y todo ello pasarlo por la batidora, que reduce en un instante estos ingredientes a una crema densa.
Sucesivamente, hacia el décimo día, se empezará a administrar galleta pulverizada y mojada con dos gotas de leche y agua hervida, un poco de mezcla de semillas, verdura finamente triturada e incluso un minúsculo pedazo de manzana. La administración de alimentos se efectúa, hacia el décimo o duodécimo día, cada hora y durante catorce horas al día.
Este es el momento en que los canarios, después de ingerir los alimentos, empiezan a tener buche. Si es muy voluminoso, el criador debe suspender la administración de comida porque es evidente que ya se ha nutrido lo suficiente.
Después de unas dos semanas de vida, la cantidad de alimentos será aumentada gradualmente, como hemos dicho, y la administración debe efectuarse cada dos horas y durante doce horas del día.
El veterinario o una persona experimentada podrá aconsejar algún preparado químico que se puede añadir a los alimentos normales para que le enriquezcan en vitaminas, cal y todo aquello que pueda serles útil para el desarrollo.
De este modo, a medida que pasan los días, el criador, aprende a conocer a sus pequeños protegidos y cuando vea que los pollitos a los que ha dedicado tantas horas se nutren finalmente por sí mismos, saltando por la jaula o por la pajarera e intentando hacer los primeros vuelos y los primeros gorjeos, tendrá motivo para sentirse orgulloso y satisfecho. |